Ahí, con el todo París, se conversa, se canta, se ríe, se realizan paseos en automóvil, se come, se lee, cada cual hace a su modo y sin afectación de imitarlos, lo que hacía la gente de antaño, se vive. Y en esa continuación inconsciente de la vida, el perfume del pasado se desprende y es mucho más penetrante y más tenso que en esas "reconstrucciones del París antiguo' en que se colocan, en una decoración arcaica, personajes de época disfrazados.